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CARTA A QUIEN CORRESPONDA

  “A quien corresponda: Así como apareciste, desapareciste… Fue real, yo te vi, de eso no tengo dudas, de que te besé, nos besamos e hicimos el amor. Todo lo demás que pasó después no sé si fue un sueño o una realidad. Como un mago me mostraste que la magia está intacta… Después de mucho tiempo pude volver a ver los diferentes colores del cielo, abrazar a los árboles, encontrar el amor en la naturaleza, en una mariposa o en una vaquita de San Antonio. Gracias por haberme dejado soñar o ser parte de tu sueño de querer vivir, de querer encontrar un poco de luz en tanta oscuridad… Ahora ya no hay más remedio, volviste a la oscuridad, a esa calavera, a las flores para la tumba, a los soles apagados, a la intemperie, al frío de la muerte, a la humedad de ese ataúd… Y yo ahí no tengo cabida, porque soy luz, soy literatura”.                            ...

OSCURIDAD

Se apagó el sol, se escondieron las estrellas, se aquietó el agua, se secaron las flores, se durmió el hada, se escondió el mago. Las mariposas dejaron de volar, los panaderos de recorrer largas distancias; las nubes se quedaron sin forma, los cielos se volvieron de color gris. Las notas musicales dejaron de sonar, el viento trajo el silencio, el puente se cerró, las palabras se desvanecieron, la espero quedó vacía; los caminos se dividieron en miles. Se apagaron las luces, se quemaron las cartas, se borró el papel con los relatos; las lágrimas tibias corrieron la tinta; mi cuerpo perdió el calor, mi corazón quedó sin ilusión. Mi alma que fue la que más te sintió, siempre te querrá; mis ojos que te vieron una sola vez, te recordarán, y cuando se encienda el sol, aparezcan las estrellas, vuelva a agitarse el agua, revivan las flores, se despierte el hada y salga del escondite el mago, allí estaré, en forma de estrella, de mariposa o de lo que sea… para seguir siendo literatura…   ...

La despedida

Camino hacia la puerta de tu taller. No hay nadie en esta parte del edificio. Solo hay mucho viento. Me parece oír tu voz, me apuro en llegar. La puerta está cerrada. Es una tarde de invierno; pareciera como si este edificio estuviera vacío, vacío de los que habitan, del personal de seguridad, vacío por todos lados.  Tengo demasiado frío. Si estuvieras acá, podríamos estar tomando un café batido, de esos que me hacías. Me quedo parada frente a la puerta, mirándola. Recuerdo aquel mediodía en el que bajé a pedirte ayuda para arreglar el cajón. Aún me parece estar escuchando la canción “Killing me softly”, es como si la melodía saliera por debajo de esta puerta cerrada. Nunca te lo dije: me hubiera encantado que la bailáramos juntos.  Cierro los ojos y empiezo a moverme al sonido de esa canción. Tendríamos que haberla cantado juntos, también. Sonrío imaginando cómo te reirías si te dijera esto, lo de cantar juntos. Me pongo a cantar, no voy a hacer que vuelvas, pero vo...